CRISIS DEL CAPITALISMO GLOBAL Y FIN DEL MARXISMO

Introducción

Las consecuencias más importantes de la crisis del capitalismo global, por sobre cualquier otra, abre una interrogante:

¿sobrevivirán las tesis expuestas de manera genial en El capital, por Carlos Marx, uno de los pensadores más influyentes del mundo moderno? ¿A qué viene esta pregunta? Marx afirmó categóricamente que una crisis como la que estalló en el 2008 precipitaría una serie de revoluciones socialistas. ¿Cuánto de esta predicción se está cumpliendo? Con lógica asombrosa, en esas dos mil páginas que componen El capital, concluyó que camino al fin de la historia (el comunismo), el capitalismo sobreviviría entre crisis y recesiones, producto de la sideral polarización entre la riqueza de los burgueses y la pobreza de los proletarios, polarización que se traduciría en insalvables desequilibrios entre la oferta de la descomunal cantidad de mercancías que inundarían los mercados y la precaria, casi inexistente, capacidad adquisitiva del proletariado. Como estas crisis no surgen de la noche a la mañana, sino que tienen un proceso de gestación, una ruta en la que los capitalistas invierten casi todo su dinero en capital constante (materias primas y maquinarias) y casi nada en capital variable (salarios), en un mundo en que lo más visible, casi único, es esa constante presencia de burgueses y proletarios, estos no tendrían otra meta de mayor importancia que destruir el sistema capitalista para remplazarlo por el socialismo en camino al comunismo. Esa sería la estrategia, la meta final, sin que exista otra alternativa, por lo que de manera fatal, por designio de las inexorables leyes objetivas insertas en la esencia de las sociedades –leyes tan imperativas como las leyes naturales–, por esas fuerzas impersonales de carácter fatal, al proletariado no se le ocurría algo mejor que dedicar lo mejor de sus esfuerzos a organizarse sindicalmente, pero sobre todo a fortalecer el partido comunista, sólida y férreamente, con una moral revolucionaria, esperando el momento más adecuado para dar el zarpazo final. Ninguna circunstancia más adecuada que las crisis capitalistas, coyuntura en la que como agravante el sistema capitalista produce nuevos desempleados, que no solamente suman decenas, centenas, miles, sino decenas de millones de obreros que repentinamente pierden su empleo.

A partir de la segunda mitad del 2008, los países capitalistas más desarrollados del planeta se declaran en crisis y tal como lo había diagnosticado Carlos Marx, quiebran las más grandes empresas, se reducen las ventas, caen las bolsas de valores y decenas de millones de obreros pierden su empleo. ¿Estamos en una situación revolucionaria como la de 1929? Antes de 1929 se produjo la revolución rusa, preludio de las que vendrían después, dividiendo a Europa en Este y Oeste, en capitalista y socialista, éxitos revolucionarios que se complementarían con la Revolución china, cubana, norcoreana y vietnamita.

Todos sabemos que el preludio de la crisis capitalista global del 2008 no fue la insurgencia de nuevos países revolucionarios sino el desmantelamiento de las bases socialistas que nacieron como anticipo, consecuencia de la crisis de 1929. En el 2008, los partidos comunistas fácticamente ya no existen, ni siquiera se encuentran en agonía, en el sentido que explica Unamuno en su libro La agonía del cristianismo, como lucha contra la muerte a favor de la vida. La internacional comunista en términos reivindicativos ha sido reemplazada por las ONGs y en ellas se han instalado los intelectuales de la clase media de los países en desarrollo, ese segmento ilustrado de la sociedad, el que realmente ha estado muy preocupado por su futuro, piloteando a la clase obrera, impulsándolo, representándolo en el parlamento y hablando en su nombre, porque esa clase sí que temía por todo lo que diagnostica Carlos Marx en El capital; y se sentía segura, hasta que el imperialismo le abrió algunas ventanas al éxito, para predicar desde ahí su evangelio, no ya contra la burguesía o el imperialismo, sino por algo más genérico: la globalización, mientras saborea como jamás se imaginó las ventajas de ese fenómeno que dice condenar, comprándose cuatro por cuatros, vale decir automotores todoterreno y viviendas en las zonas más exclusivas y disponiendo viajes por el mundo, como si de un cuento de hadas se tratara.

Por ese motivo, esta crisis más que demostrar la validez del marxismo parece un acontecimiento adrede, un audaz y mortal test para demostrar que el marxismo ha perdido vigencia. Pero como veremos a lo largo de este corto libro, el capitalismo descrito por Marx es reemplazado por el hipercapitalismo que sustituye tangibles por intangibles y al proletariado por el cognitariado, pero más exactamente, como fuerza laboral, la clase obrera tiende ser reemplazada por robots, en esos países capitalistas, en los más desarrollados, en aquellos que de acuerdo a lo previsto por Marx serían las primeras cunas del socialismo y del comunismo.
Según los presupuestos teóricos de Carlos Marx expuesto en El capital, crisis económicas como las que se han iniciado en la segunda mitad del 2008, son el requisito y la antesala inevitable de una cadena de revoluciones sociales, más exactamente, el proletariado mundial, organizado en férreos y disciplinados partidos comunistas están prestos a dar el zarpazo final al capitalismo e instaurar estados socialistas en tránsito al comunismo. Ninguna circunstancia sería mejor para cumplir esta meta que las crisis económicas, considerando que el capitalismo estimula dos polos antagónicos que crecen con igual fuerza, pero en sentido contrario. En un extremo, están los capitalistas cuyas fortunas prosperan en proporciones exponenciales mientras en la misma proporción crece la indigencia de la clase obrera. Precisamente las crisis económicas se producen debido a que en el polo del capital se incrementan cada vez con mayor intensidad la oferta de mercancías, mientras su complemento, el de los consumidores se reduce dramáticamente, generando abismales diferencias entre oferta y demanda. Como la tendencia del sistema capitalista se orienta a sobredimensionar los polos extremos, en el lado de los obreros es cada vez mayor y de manera inevitable e ilimitada la pobreza, a los obreros no les quedaría más que prepararse para provocar revoluciones socialistas, quitando del poder a los burgueses e instalando el socialismo. Las crisis socialistas serían el mejor regalo del cielo (metafóricamente, por supuesto) para que esa posibilidad se convierta en realidad.

Pero los acontecimientos demuestran lo contrario. Los obreros permanecen neutrales, preocupados solamente en sobrevivir y los partidos comunistas se han extinguido, pues no dan señales de vida, en tanto que las experiencias socialistas han perdido legitimidad y como por arte de magia se han extinguido oficialmente a partir de la caída de Berlín y de la Perestroika, vale decir, desde la década de 1990.

Para comprender la crisis capitalista que estalla oficialmente en el 2008 y la agonía del marxismo que se manifiesta a partir de la década de 1990, es necesario revisar la teoría marxista expuesta en El capital, la obra cumbre de Carlos Marx. El libro que los presuntos marxistas han preferido siempre ignorar.
Un análisis cuidadoso de El capital nos va permitir comprender que en los mismos fundamentos que vierte Carlos Marx para explicar la plusvalía relativa, la manufactura y la gran industria, así como la composición orgánica del capital, el cambio de magnitudes, las leyes del valor y la paulatina reducción y casi extinción de la cuota de ganancia, están escondidos los fundamentos que nos explicarán el capitalismo actual, el consumismo, el predominio del sector terciario sobre el productivo, la sustitución de la fuerza física por la mental en los procesos productivos, vale decir la preeminencia del cognitariado sobre el proletariado en las economías centrales. Estas tendencias se complementan con la orientación política de la clase obrera a la extrema derecha, de los presuntos comunistas que insertan violentamente en el neoliberalismo, jugando al marketing, en tanto que muchas banderas de lucha que podrían enarbolar los partidos comunistas, lo asumen las ONGs, financiadas por dinero procedente del imperialismo, al igual que las redes en ciencias sociales. Con ese dinero, muchas personas honradas y progresistas pueden comprar vehículos todoterreno, viajar fluidamente al extranjero, comprar sus casas en las zonas más caras y vivir muy bien.
Este conjunto de circunstancias se traducen en la coexistencia pacífica y la condescendencia con el capitalismo. Estas tendencias, lejos de aminorarse se irán reforzando; y Marx, el genio, el sabio que se inoculó pobreza para entender mejor a los proletarios de su tiempo, renunciando y colocándose con criterio ético contra la clase en la que nació, a partir de la crisis que se inicia en el 2008, podría decirse que ha tocado su fin, tal como se demuestra en las páginas que vienen a continuación.

Para tener una comprensión racional es preciso ofrecer una visión sintética de sus planteamientos, derrotero en el que iremos demostrando sus aportes a la comprensión de la historia real que niega sus planteamientos teóricos, sin desconocer, en ningún momento, que estamos deconstruyendo el pensamiento de uno de los más extraordinarios portentos de la humanidad.